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Homilía Domingo de Pentecostés C (19 mayo)

Os dejamos las lecturas y la homilía del domingo de Pentecostés del día 19 de mayo.

Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34
Primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
- «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
- «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Homilía

Alrededor del fuego, en cada noche se enciende un fuego para calentar los alimentos, para compartir la vida, para contar una historia, porque desde el inicio de su descubrimiento, vemos como el fuego nos deslumbra con su intensidad y su calor. Pero el fuego es destructor cuando no se controla; sin embargo cuando se emplea para algo bueno hace maravillas. El fuego se usa para fundir, para unir, para purificar. El Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego nos habla de la “nueva creación”, pues une lo humano con lo divino; desde entonces, el momento en que somos bautizados (ungidos), estamos unidos a Dios Uno y Trino.

“Ven Espíritu Creador” y “Purifícame Señor con tu Espíritu”, son los cantos que más me gusta cantar en la Iglesia y en los momentos de oración. Las lecturas de Pentecostés nos muestran de forma cronológica los acontecimientos que cambiaron a la humanidad con la propagación del Evangelio a través de la efusión del Espíritu Santo en los primeros cristianos: Jesús dijo a sus discípulos: “Si me amáis, obedeceréis mis mandamientos y yo rogaré al Padre para que os envíe otro Paráclito, para que esté siempre con vosotros” (Jn 14,15-16). Los discípulos de Jesús siguieron a Jesús hasta su muerte, pero tuvieron miedo de morir como su Maestro, por eso se escondieron de las autoridades; fue hasta el día de Pentecostés, cuando los discípulos de Jesús y María su madre “estaban todos juntos en el mismo lugar. Aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobe cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 1-4). Desde entonces, “los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios” (Rm 8, 14). El mensaje de Jesús comenzó a propagarse por todo el mundo con estos nuevos testigos, que serían señalizados como “cristianos” por seguir al Mesías, “al Cristo”.

Hoy en día es muy fuerte la negación de lo divino, no queremos mostrar y reconocer los dones de lo divino en nuestras vidas, y sin embargo Dios sigue apostando por el hombre, cuando descubrimos que Dios nos provee de muchas cualidades, talentos, habilidades; para vivir la vida plenamente buscamos nuestra autorrealización sin contar con lo religioso o lo divino. Pero el hombre a pesar de sus negaciones siempre se queda con ese vacío interno, y se frustra muchas veces por no encontrar respuestas que le satisfagan. Es ahí donde ve la necesidad de estar siempre unido a  lo divino.

Llenarse del Espíritu Santo es fundirse en el fuego del amor de Dios para amar, es una gran necesidad que todos los seres humanos debemos cubrir. Cuando la fuerza del Espíritu nos unge nos envía a propagar el Evangelio, es ahí como surge la vocación del misionero, que está invitado a propagar el amor de Dios en medio de los hombres, en transmitirles esperanza y fe donde no la hay (Hch 1,8). Amar es un gesto de unidad y de unión, cuando amamos nos unimos, así es como Jesús nos expresa el amor de Dios. Cuando amamos como el Padre, el Hijo y Espíritu Santo nos ama, hacemos de la humanidad algo divino.

Que este Pentecostés nos sintamos ungidos y movidos por el Espíritu Santo a amar a nuestros semejantes al compartir nuestras vidas, nuestras obras y la Palabra de Dios.

P.Chava, SVD
Parroquia Virgen del Alba

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Modificado por última vez enSábado, 18 Mayo 2013 16:16
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